Ruth
Ruth —Es una persona fuera de lo común —dijo el señor Jones—. Pero es demasiado joven para confiarle la responsabilidad de un caso tan grave. ¿Tiene idea de dónde vive su amigo, señora Morgan?
—A decir verdad, sÃ. Su madre, una señora arrogante como pocas, hizo un viaje por Gales el año pasado; se alojó aquà y se lo garantizo, contentarla fue del todo imposible. Era una mujer verdaderamente refinada. Olvidó en la posada algunos vestidos y libros (porque la camarera, requerida casi tanto como la dueña, en vez de pensar en los vestidos de la señora, prefirió disfrutar de un paseo junto a un criado), y por este motivo nos carteamos durante largo tiempo. Las tengo bajo llave en un cajón de la escribanÃa, donde guardo este tipo de cosas.
—¡Bien! Le recomiendo escribir a la señora para informarla sobre el estado de salud de su hijo.
—Señor Jones, ¿podrÃa hacerme el favor de escribirle usted mismo? Cuando lo hago yo, el inglés aparece tan extraño…
Escribió la carta y para ahorrar tiempo, el señor Jones la llevó personalmente al despacho postal de Llanglâs.