Ruth
Ruth VELAR Y ESPERAR
Ruth dejó de lado los recuerdos del pasado y las preocupaciones del futuro y alejó de sí todo aquello que podía distraerla de sus responsabilidades actuales. Un amor sin límites puede superar la falta de experiencia; después de aquel primer día no abandonó más la habitación y se impuso la obligación de comer sólo porque necesitaba estar fuerte para atender al enfermo. No se concedió el privilegio de derramar ni una sola lágrima, ya que el llanto le hubiera impedido asistir al señor Bellingham como debía. Veló, esperó y rezó; rezó fervorosamente, consciente de la omnipotencia de Dios y segura de que su amado necesitaba del amparo del Señor.
Los días se confundían con las noches, aquellas espléndidas noches de verano; Ruth perdió la noción del tiempo, encerrada en aquella estancia oscura y silenciosa. Una mañana la señora Morgan le hizo un ademán para que saliera y así, de puntillas, recorrió el iluminado corredor a través del cual se accedía a las habitaciones.
—Ha llegado —susurró la señora Morgan con cierta excitación, olvidándose de que Ruth no sabía que habían avisado a la señora Bellingham.
