Ruth
Ruth —En realidad, señorita, no deberÃa usted estar aquà esperando en la puerta de este modo; no es educado. La señora Bellingham se ha mostrado muy irritada por su comportamiento y si la gente comienza a hablar como ella, mi posada perderá toda su reputación. ¿No he puesto a su disposición una cámara la noche anterior, pidiéndole que aguardara allà sin hacerse ver? Le he dicho que la señora Bellingham es una extraña dama, pero usted ha querido igualmente salir y postrarse a sus pies. No ha tenido consideración alguna conmigo, con Jenny Morgan; se lo tengo que decir.
Ruth dio media vuelta, como una niña a la que le han dado una regañina. La señora Morgan la siguió hasta su habitación, gritándole mientras caminaba; pero después de desahogarse, se dio cuenta de que habÃa pronunciado palabras muy hirientes, y dada su Ãndole gentil, añadió con tono suave:
—Quédese aquà como una niña buena. En un momento le mandaré el desayuno y de tanto en tanto la tendré informada de sus condiciones. Puede, si quiere, salir a pasear, pero cuando lo haga me harÃa un gran favor si utiliza la puerta lateral. Esto ayudará a evitar un escándalo.