Ruth
Ruth —Ruth no tiene una reputación impropia, madre. ¡Está siendo injusta con ella!
—¡Mi querido muchacho, no querrás decirme que es un modelo de virtud!
—No madre. He sido yo quien la ha llevado por el mal camino; yo…
—Si estás de acuerdo, podemos centrarnos en su actual reputación —dijo la señora Bellingham con aquella autoridad que aún ejercÃa cierta influencia sobre el hijo, y que éste, solamente desafiaba cuando estaba preso de ira. El señor Bellingham estaba muy débil fÃsicamente para oponerse a ella, por lo que prefirió defender sus razones paso a paso.
—Como estaba implÃcito en mis palabras, no es mi intención averiguar cuál es tu parte de culpa; la he encontrado una mañana y por aquello que he visto, estoy convencida de que tiene modos audaces e indiscretos; es una desvergonzada, sin el mÃnimo sentido del pudor.
—¿A qué se refiere? —preguntó Bellingham bruscamente.
—Bien, tú estabas aún muy enfermo y yo habÃa pasado la noche entera velando por ti; aquella mañana acababa de salir para tomar una bocanada de aire fresco, cuando la muchacha vino a mi encuentro, insistiendo en hablarme. He tenido que pedirle a la señora Morgan que fuera a hablar con ella. No he visto jamás una conducta tan impúdica e insensible.