Ruth
Ruth —Dejemos a un lado los modales de la joven, imagino que no querrás defender tu relación con ella. ¡No creo que hayas perdido el sentido de la decencia hasta el punto de juzgar justo o deseable que tu madre y esa degenerada jovencita permanezcan bajo el mismo techo, bajo riesgo de encontrarnos a cualquier hora del dÃa! —Esperó una respuesta, pero no recibió ninguna.
—La cuestión que te propongo es muy simple: ¿es o no es una situación deseable?
—Supongo que no —replicó tristemente.
—Y yo supongo por tu comportamiento, que piensas que la mejor manera de solventar esta dificultad es que yo me vaya, dejándote solo con tu viciosa compañera, ¿no es verdad?
De nuevo el señor Bellingham no respondió, pero notó que crecÃa en él un malestar del cual consideraba responsable a Ruth. Finalmente habló: