Ruth
Ruth —Madre, no me está ayudando a resolver mi problema. No deseo ni que se vaya ni que sufra, después de todo lo que ha hecho por mÃ. Ruth no es tan culpable como se imagina, esto lo debo decir, pero no quiero verla más; dÃgame la manera de arreglar esta situación sin comportarme de un modo indecoroso, pero se lo ruego, ahórreme todas estas preocupaciones… me siento aún tan débil. Me pongo en sus manos. DÃgale que se marche, si es eso lo que desea, pero cortésmente; no quiero escuchar más, no tengo fuerzas. Déjeme disfrutar de una vida tranquila y no me sermonee mientras estoy confinado aquÃ, incapaz de quitarme de encima estos desagradables pensamientos.
—Mi querido Henry, háblame de ti.
—Basta, madre; es una fea historia y me debo esforzar para no sentirme culpable de este final; no quiero continuar.
—No seas tan duro contigo mismo, aún estás débil, querido Henry; es justo arrepentirse, pero en mi corazón no hay dudas: ha sido ella quien te ha atrapado con sus artimañas. Sin embargo, como bien has dicho tú, debe hacerse de un modo cortés. Confieso que he sufrido mucho al conocer esta relación, pero desde que he visto a la muchacha… ¡Bueno! No diré más sobre ella, porque veo que no te gusta, pero doy gracias a Dios de que hayas reconocido tu error.