Ruth
Ruth Era un buen consejo aunque desagradable. Pese a ser un poco ruda, la señora Morgan tenía un gran sentido común. Era una persona habituada a reaccionar ágilmente ante cualquier emergencia y a decidir con rapidez. Estaba tan poco acostumbrada a que su autoridad fuera cuestionada, que antes incluso de que el señor Benson hubiera tomado una decisión, ella ya había preparado papel, pluma y tinta del cajón de su escritorio y lo había colocado delante de él.
Mientras abandonaba la estancia dijo:
—Deje la carta sobre esa repisa y confíe en mí, viajará junto a la criada. Después de llevarla a su destino, el muchacho regresará con una respuesta para usted.
Se marchó antes de que el señor Benson pudiera reagrupar sus ideas dispersas; así pues, era ya demasiado tarde cuando se percató de que desconocía el nombre de las personas a quienes iba dirigida la carta. La paz y tranquilidad de su pequeño estudio habían estimulado en él, la costumbre de fantasear y reflexionar durante horas, de igual modo que el ser propietaria de una posada había obligado a la señora Morgan a actuar de manera rápida y decisiva.