Ruth
Ruth Le escribo para informarle del estado de salud de la pobre muchacha —se concedió una larga pausa de reflexión— que ha acompañado a su hijo a su llegada aquÃ, y que con vuestra marcha de ayer, ha sido abandonada. Se encuentra en el local en el cual yo me alojo y (esto es impresión mÃa) en condiciones muy graves; si me lo permite, serÃa muy considerado por su parte consentir el regreso de su criada para asistirla hasta que se recupere y pueda ser conducida con sus amigos, si por su parte considera que no le es posible hacerse cargo de ella.
Vuestro obediente servidor.
THURSTAN BENSON»
Después de tanta reflexión, dejó la nota muy insatisfecho, pero no fue capaz de hacerlo mejor. Se informó por un criado del nombre de la señora, escribió su dirección y puso la carta sobre la repisa indicada. Luego se dirigió al albergue para esperar la llegada del doctor y el regreso del cochero. Ruth no mostraba ninguna señal de recuperación; parecÃa muy aturdida, inconsciente; no se habÃa movido mÃnimamente y respiraba fatigosamente. De tanto en tanto, la señora Hughes humedecÃa su boca con algún lÃquido, provocando un pequeño movimiento de los labios; éste era el único signo de vida que tenÃa la muchacha. El doctor llegó y negó con la cabeza: