Ruth
Ruth —¡Oh! No quisiera estar de tan mal humor ni tan irritable. No creo haberlo sido en el pasado.
—¡No! Estoy segura de que no. La mayorÃa de las chicas nuevas pierden la paciencia al principio, pero después lo superan y ya no hacen caso de nada. ¡Pobre chiquilla, si ya se ha dormido! —dijo Jenny para sà misma.
Pero Jenny no consiguió dormir ni siquiera descansar. El costado le dolÃa más de lo habitual. Pensó que deberÃa haberlo mencionado en las cartas que escribÃa a su casa, pero después recordó la cuota que su padre habÃa pagado —no sin esfuerzo— y a los miembros de su numerosa familia —más jóvenes que ella—, de los cuales debÃa hacerse cargo, por lo que decidió resistir confiando en que el dolor y la tos pasarÃan con la llegada de la nueva estación. SerÃa prudente.
¿Cuál era el problema de Ruth? Lloraba en sueños como si el corazón se le estuviera despedazando. Un sueño asà de agitado no le servirÃa de descanso alguno, por lo que Jenny decidió despertarla.
—¡Ruth! ¡Ruth!