Ruth
Ruth —¡Oh! Muchos pequeños detalles. Su extraño modo de mover la cabeza de un lado para otro, intentando tener una mejor perspectiva de la mano izquierda de Ruth, me ha hecho pensar en la alianza. Ayer, justo cuando creÃa haber elaborado un discurso lo bastante genuino, y estaba hablando de cuán trágico debÃa ser para una persona tan joven quedarse viuda, ella me interrumpió de un modo, cuanto menos extraño y despectivo, diciendo:
—¡Al diablo con las viudas!
—Si en realidad sospecha algo, deberÃamos contarle la verdad. No nos dará tregua hasta que consiga descubrirla; asà que debemos hacer de la necesidad una virtud.
—Bien, hermano, se lo dirás tú entonces, porque yo no estoy segura de tener el coraje necesario. No me preocupa llevar a cabo este engaño, desde el dÃa en que tuvimos aquella conversación, y desde que he conocido mejor a Ruth. Sin embargo, temo de veras las habladurÃas de la gente.
—Pero Sally no es «la gente».
—Oh, entiendo que no se podrá evitar, pero sabes que Sally habla por los codos, más que todos los demás juntos, es ésta la razón por la que me he referido a ella como «gente». ¿La llamo?