Ruth
Ruth Finalmente, la pequeña y tranquila señora de mirada asustadiza y su silenciosa hija de ojos brillantes, se levantaron para despedirse. Ruth regresó al presente, se alzó e hizo una reverencia, hundiéndose en una terrible aflicción por el recuerdo apenas vivido.
La señorita Benson acompañó a la señora Bradshaw hasta la puerta y mientras caminaban por el interminable corredor, se dedicó a ilustrarle la triste historia —inventada— de Ruth. Como la señora Bradshaw parecía muy interesada y complacida, la señorita Benson exageró aún más el relato, completando su invención con algún que otro detalle imaginario que, sin saberlo ella, llegó por casualidad a oídos de su hermano, a través de la puerta entreabierta de su estudio.
Quedó —cuanto menos— consternada cuando él la llamó a su habitación, después de que la señora Bradshaw se hubiera marchado, preguntándole qué había dicho a propósito de Ruth.
—¡Oh! Pensé que era mejor explicar la historia con detalles, quiero decir, contar una vez y para siempre, aquello que pretendemos que la gente crea. ¿Recuerdas que estábamos de acuerdo en esto, Thurstan? —dijo en tono de disculpa.
—Sí, pero te he escuchado decir que su marido era un joven cirujano. ¿O miento?