Ruth
Ruth —¿Cuál es el problema, Ruth? —preguntó con un tono de reproche, porque verla sufrir le causaba un hondo dolor. Había hecho cuanto estaba en su mano por ayudarla. Pese a que comprendía que la causa del terrible sufrimiento de Ruth estaba fuera de su alcance, y, en realidad, la quería y respetaba aún más por aquellas manifestaciones de dolor, en aquel momento estaba crispada. Entonces Ruth recogió bruscamente su labor que había caído al suelo y comenzó a coser velozmente y cabizbaja, mientras brotaban copiosas y ardientes lágrimas de sus ojos. Si bien habitualmente no conciliaba con el modo de pensar de Sally, la señorita Benson se sintió culpable cuando ésta le preguntó a su patrona «por qué insistía en “molestar” a la pobre muchacha repitiéndole continuamente qué problema tenía, como si no conociese ya la respuesta». Precisaban de un elemento de armonía, de un ángel de la paz que consiguiera con su infinito amor que todos los corazones y personalidades se unieran estrechamente poniendo fin a sus disputas.