Ruth
Ruth La tierra estaba «ocultando su culpable superficie con la inocente nieve»[53], cuando un pequeño bebé fue cuidadosamente acomodado en el pecho de su pálida madre. Era un varón. En un primer momento había deseado una niña, porque pensaba que habría sentido en menor grado la ausencia de un padre y porque una madre como ella, que se encontraba en una situación aún peor que la viudedad, podía protegerla con más fuerza. Pero ahora ya no pensaba así, ni siquiera se acordaba de haberlo hecho. Era lo que era y no lo habría cambiado jamás por un bosque de niñas.[54] Era suyo, su angelito, su bebé propio. No obstante sólo tenía una hora de vida, ya ocupaba un lugar privilegiado en su corazón; corazón que colmaba de modo inesperado, de amor, paz e incluso esperanza. Se hallaba, en efecto, ante una nueva vida, pura, bella e inocente y ella, con sus amorosos y tiernos cuidados, en un primer impulso de amor maternal, imaginaba ingenuamente que sería capaz de salvaguardarla de cualquier contacto con la corrupción del pecado. También su madre, con toda probabilidad, pensó lo mismo, al igual que miles de personas que ruegan a Dios para que purifique sus almas, y poder así proteger a sus hijos. Oh, cómo rezaba Ruth, incluso cuando estaba demasiado débil para hablar, y cómo sentía la belleza y la importancia de las palabras: ¡Padre Nuestro!