Ruth
Ruth La voz de la señorita Benson la distrajo de esta santa preocupación. ParecÃa que habÃa estado llorando.
—¡Mire, Ruth! —dijo dulcemente—. Mire lo que le ha enviado mi hermano. Son las primeras campanillas de invierno de nuestro jardÃn.
Y las colocó cuidadosamente sobre la almohada junto a Ruth, en el lado opuesto al que reposaba el bebé.
—¿Quiere verlo mejor? —dijo Ruth—. Es tan hermoso.
La señorita Benson sentÃa una extraña renuencia a mirarlo. Con Ruth, a pesar de todo lo que habÃa ocurrido, se habÃa reconciliado —no, mucho más que eso, se habÃa encariñado profundamente de ella—, pero su hijo significaba una mancha infame de vergüenza y deshonor. No podÃa dejar entrar a aquella pobre y pequeña criatura en su corazón; y estaba decidida a no hacerlo. Sin embargo, no pudo resistirse a la exánime voz de Ruth ni a sus ojos suplicantes; asà que rodeó la cama para echarle un vistazo mientras yacÃa en brazos de su madre, hasta el momento, su escudo y su defensa.
—Sally dice que tendrá el pelo negro, al menos asà lo cree —dijo Ruth—. Su pequeña mano parece ya la de un hombrecito. FÃjese con que fuerza aprieta.