Ruth
Ruth —Aquello que usted esté decidida a hacer, hágalo cuando el niño cumpla al menos un año, cuando necesite menos los cuidados de una madre; se lo ruego Ruth, como un gran favor a mà y aún más grande a mi hermana… ¿no es cierto, Faith?
—SÃ, lo puedes llamar asÃ, si lo prefieres.
—Le ruego que se quede con nosotros —repitió— hasta entonces. Cuando el bebé cumpla doce meses volveremos a hablar de ello y entre tanto, estoy seguro de que se le presentará alguna oportunidad. No tenga miedo de llevar una vida ociosa, Ruth. Nosotros la trataremos como a una hija y le encargaremos las tareas domésticas. No se lo pido por su bien, sino por el de este pequeño indefenso, incapaz aún de hablar; es por su bien, por lo que debe quedarse.
Ruth comenzó a sollozar.
—No merezco tanta amabilidad —dijo con la voz entrecortada—. No la merezco.
Las lágrimas afluyeron velozmente como lluvia estival. Ninguno se atrevió a hablar más del tema. El señor Benson cambió de argumento, pidiendo la información que le habÃa llevado a entrar en la habitación.