Ruth
Ruth Ahora que ya no había decisiones que tomar, ni grandes cosas que hacer, la tensión que durante días había oprimido la mente de Ruth, se esfumó. Entonces, le invadieron fantasías y oscuros y dolorosos recuerdos de tiempos pasados que la debilitaron y entristecieron. Tanto la señorita Benson como Sally, se percataron de ello y como ambas eran muy compasivas y se atormentaban cuando veían a una persona deprimida, para después dar paso —sin reflexionar excesivamente sobre las causas o razones de tal depresión—, a la irritación por el desagradable estado de ánimo a que eran avocadas, tomaron ambas la firme determinación de hablar con Ruth en cuanto tuvieran la más mínima ocasión.
Y así, una tarde —tras una mañana en la que Ruth había estado muy atareada con las labores domésticas, ya que se había tomado muy en serio las palabras del señor Benson y se había impuesto la obligación de realizar la parte más dura de las labores que incumbían a la señorita Benson (labores que afrontaba, a decir verdad, con desgana, ya que su corazón estaba en otra parte)—, Sally, entrando en el saloncito posterior, la encontró amamantando al bebé, y no tardó mucho en darse cuenta de que estaba llorando.
—¿Dónde está la señorita Benson? —preguntó Sally bruscamente.