Ruth
Ruth —Ha salido con el señor Benson —respondió Ruth, con una tristeza que la hacÃa parecer ausente tanto en la voz como en sus modos. Sus lágrimas, retenidas a duras penas mientras hablaba, comenzaron a brotar de nuevo, y cuando Sally se quedó mirándola fijamente, vio al bebé dirigir su mirada hacia el rostro de su madre, mientras sus pequeños labios comenzaban a temblar y sus grandes ojos azules se oscurecieron en una especie de misteriosa empatÃa con el angustiado semblante inclinado sobre él. Sally lo arrancó velozmente de los brazos de su madre. Ruth alzó la mirada estupefacta; se habÃa olvidado de la presencia de Sally y su brusco movimiento la habÃa espantado.
—¡Mi precioso niño! ¡Quién se atreve a derramar sus lágrimas saladas sobre tu carita, incluso antes de destetarte! Hay personas que no tienen la más mÃnima idea de lo que es una madre… incluso yo lo harÃa mejor. Baila, pulgarcito, baila, bailemos todos con alegrÃa[59]. ¡AsÃ, asÃ! SonrÃe, mi bebé precioso. Sólo una jovencita como tú —continuó dirigiéndose a Ruth—, es capaz de traer la mala fortuna al bebé, derramando tus lágrimas sobre su rostro, antes de destetarlo. No estás preparada para tener un hijo, te lo he dicho muchas veces. Me dan ganas de comprarte una muñeca y de responsabilizarme yo misma del niño.