Ruth
Ruth —¡Sally! ¿Por qué te estás culpabilizando y lamentando tanto? La escuchamos cada noche desde el saloncito, y mi corazón está afligido por ello.
—Oh, señora —le respond×, soy una miserable pecadora y estoy experimentando la agonÃa de un nuevo renacer[60].
—¿Es éste el motivo por el cual el pudin que ha cocinado hoy estaba tan repugnante?
—¡Oh, señora, señora —dije—, no debe preocuparse tanto de las cosas materiales, sino de su alma inmortal!
Y permanecà sentada moviendo la cabeza angustiada por su alma.
—Pero —respondió ella, con su dulce voz—, ciertamente lo tengo presente a cada minuto del dÃa, si lo que quiere decirme es que debemos cumplir la voluntad de Dios; pero en este momento estamos hablando de un simple pudin; el pequeño Thurstan no ha podido comerlo y sé que eso le causa a usted un gran disgusto.
Lo reconozco, sà que me disgustaba, pero decidà no admitirlo por orgullo, y le dije:
—Es un pecado ver a tantos niños educados en el materialismo —e inmediatamente pensé que hubiera sido mejor haberme mordido la lengua, al ver la expresión de la patrona y pensar en mi pequeño y querido niño que languidecÃa por la falta de comida. Finalmente la patrona me dijo: