Ruth
Ruth Las corteses y hospitalarias expectativas de la señorita Benson, quedaron desilusionadas cuando Jemimah, aun teniendo un hambre canina, se limitó a probar una única minúscula porción de la tarta que ella misma había preparado con tanto amor. Jemimah hubiera deseado no haber perdido el tiempo con visiones proféticas de cómo su padre se habría informado de todos los detalles, en especial de lo relativo a la comida, arqueando la ceja al nombrarle cualquier exquisitez distinta de una simple tostada con mantequilla, para finalmente concluir con una frase como ésta: «Vaya, me maravillo de cómo, vista la renta de los Benson, puedan permitirse semejante lujo». Sally podría haberle relatado las privaciones que se imponían sus patrones cuando no tenían invitados, cuando la mano izquierda no sabía lo que hacía la derecha[63], sin pensar siquiera en su fuero interno, que fuera un sacrificio o una virtud, todo por ayudar a los más necesitados o simplemente para gratificar aquella exigencia de cortesía que la señorita Benson sentía en ocasiones como la presente, cuando un extraño era invitado a su casa. El placer que sentía acogiendo afectuosamente a sus comensales, haciéndoles sentir como en su propia casa, evidenciaba que aquellos pequeños excesos ocasionales no eran un dispendio, sino una obra bondadosa, por lo tanto, no podían ser mesurados bajo el rasero del dinero desembolsado. Aquella tarde la señorita Benson estaba desencantada con el hecho de que Jemimah rehusara la comida. ¡Pobre Jemimah! Las pastas estaban tan ricas y ella estaba hambrienta… sin embargo, se cohibió.