Ruth
Ruth —No creo equivocarme, si digo que hoy en dÃa, sigue siendo igual de cobarde —respondió la señorita Benson—. Además, el señor Bradshaw era igual de severo con Jemimah, que no se acobarda ante nada. Yo no me fÃo en absoluto de Richard. Tiene una expresión que no me gusta. El año pasado, su padre viajó a Holanda por trabajo, y en los meses de ausencia, ese joven caballero no asistió apenas a la iglesia y estoy completamente segura de que aquella historia de que fue visto en Smithies con los perros de caza, es cierta.
—Pero no son faltas graves en un jovencito de veinte años —dijo sonriendo el señor Benson.
—¡No, por supuesto que no! Pero no son sus andanzas lo que me disgusta; lo que en realidad no puedo tolerar es el descaro con el que, al regreso de su padre, ha vuelto a acudir a misa regularmente y con esos aires de suficiencia.
—Leonard no tendrá jamás miedo de mà —dijo Ruth siguiendo el hilo de sus propios pensamientos—. Seré su amiga desde el primer momento; trataré de aprender a ser una sabia consejera y ustedes me ayudarán, ¿no es cierto?
—¿Por qué le has querido llamar Leonard, Ruth? —preguntó la señorita Benson.
—Era el nombre de mi abuelo. Mi madre me hablaba de él a menudo y de su bondad, asà que he pensado que si Leonard pudiese ser como él…