Ruth
Ruth Cuando Jemimah dejó la casa junto a la criada que habÃan enviado a buscarla, se produjo un pequeño coro de elogios.
—Esta muchacha tiene un corazón de oro —dijo la señorita Benson—. Aún se acuerda de la época en que todavÃa no iba a la escuela. Vale mucho más que el señor Richard. Ambos tienen el mismo carácter de cuando eran apenas unos niños: aquel dÃa que rompieron la ventana de la capilla —mientras Richard escapó a su casa—, Jemimah llamó a nuestra puerta, golpeándola débilmente, como lo harÃa un mendigo; cuando abrà la puerta, me quedé impresionada al verla con su mofletudo rostro bronceado e inocente, alzar su asustadiza mirada hacia mÃ, y contarme lo que habÃa sucedido, ofreciéndome el dinero que tenÃa en el banco para pagar los daños. Si no hubiese sido por Sally, el señorito Richard no habrÃa aceptado su parte de responsabilidad en los hechos, por propia voluntad.
—Pero recuerda —dijo el señor Benson— que el señor Bradshaw era demasiado rÃgido con sus hijos. No me sorprende que el pobre Richard se hubiera acobardado por aquel entonces.