Ruth
Ruth —Servirá igual —respondió. Solamente debe firmar aquà y será válido.
Lo reconozco, la idea de estampar mi firma me complacÃa mucho y por un momento casi me convence, pero pasada mi euforia, me di cuenta de que un documento tan importante debÃa realizarse conforme a la ley y no como lo hubiera hecho cualquiera o alguien como yo si supiera escribir. Por ello insistÃ:
—¡Tom! Debe estar escrito en un pergamino.
—El pergamino cuesta dinero —respondió con tono serio.
—¡Oh, Oh… querido muchacho! ¿Es ése el problema? —pensé para m×. ¿Ése es el motivo por el que no quieres hacer las cosas según la ley?
Y entonces dije:
—¡Tom! Tiene que estar redactado sobre un pergamino. Pagaré lo que sea necesario con mucho gusto. Se trata de treinta libras más lo que consiga sumar. Debo estar segura. ¡Lo haremos en un pergamino, y le diré algo más jovencito! Le daré seis peniques por cada palabra de la jerga legal que figure: tienen que sonar a jerigonza, que no sean comprensibles por el primero que pase. Su superior deberÃa avergonzarse de tener un aprendiz como usted, si es que no está capacitado para elaborar algo más profesional.