Ruth
Ruth —¿Sabes qué es esto? —dijo alzándola—. Es un pergamino, el material justo en el que reflejar la propia voluntad. La gente acaba en la Court of Chancery si no lo escribe sobre un papel de semejante calidad e imagino que Tom Jackson pensó que podrÃa procurarse un nuevo trabajo gracias a mi testamento, si hubiera conseguido finalmente hacerlo llegar a la Court of Chancery. El muy bribón en un principio lo habÃa escrito en una simple cuartilla, y me lo leyó en voz alta teniendo en la mano una hoja de papel tan ordinario como aquél en el que se escriben las cartas. Me puse en pie delante de él y pensé: venga, venga, jovencito, no soy tan estúpida como te crees; sé muy bien que un testamento escrito en un papel corriente no tiene ningún valor, pero dejaré que continúes con tu cháchara. Me senté y le escuché. Y debes creerme si te digo que cuando lo leyó en voz alta fui capaz de entender cada palabra, resultaba todo tan claro y sencillo como el mecanismo de un dedal —ni más ni menos, ¡aun tratándose de treinta libras!—. Pude comprenderlo por mà misma, sin necesidad de explicaciones… ni rastro de la complejidad legal que esperaba. Yo deseaba un testamento que fuera tomado en consideración y que estuviera redactado con la misma formalidad con la que plancho mi mejor vestido. Asà que le dije:
—¡Tom! Pero no está escrito en un pergamino.