Ruth
Ruth —¡Ven conmigo! —repitió Sally con impaciencia. Los labios del niño empezaron a temblar.
—Si quiere azotarme, tÃo, puede hacerlo. No me importa.
No entendió muy bien qué quiso decir con esas palabras, asà que el señor Benson le dijo al pequeño que podÃa marcharse y que ya hablarÃan en otro momento. Leonard se fue, más afligido de lo que lo hubiera estado si le hubieran infligido el castigo. Sally se detuvo unos instantes y después añadió:
—Creo que sólo aquél que esté libre de pecado puede lanzar piedras a un pobrecito niño y cortar ramitas de labiérnago para fustigarlo. Simplemente me limito a actuar como lo han hecho mis patrones cuando «acordaron llamar» a la madre de Leonard, Señora…
Se arrepintió de sus palabras en el momento justo en que las pronunciaba. Era tomar una ventaja demasiado mezquina después de que su adversario habÃa admitido su derrota. El señor Benson agachó la cabeza, se cubrió el rostro con las manos y suspiró profundamente.
Leonard corrió junto a su madre en busca de refugio. Si la hubiera encontrado tranquila habrÃa explotado en un mar de lágrimas debido a su agitación. Pero al verla arrodillada y sollozando, consiguió calmar su inquietud. Después le rodeo el cuello con sus brazos y le dijo: