Ruth

Ruth

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Pero no obstante se mostraba resoluta y solícita como siempre, la señorita Benson había envejecido desde aquella tarde estival en la que había bajado de la calesa a los pies de la larga cuesta galesa que conducía a Llandhu, donde su hermano la esperaba para que le aconsejara sobre Ruth. Sus ojos eran, como siempre, luminosos y directos, su mirada ágil e impetuosa y sus cabellos se habían vuelto casi tan blancos como la nieve. Fue entonces cuando le preguntó a Sally, poco tiempo después de aquel día en que Leonard había dicho su última mentira; una mañana estaban poniendo en orden la habitación de la señorita Benson, cuando ésta, después de haber quitado el polvo del espejo, interrumpió repentinamente sus labores para observarse en él minuciosamente y sorprender a Sally con estas palabras:

—¡Sally! ¡Vaya cómo he envejecido en este último tiempo!

Sally que mientras tanto había estado muy ocupada explayándose sobre el aumento del precio de la harina, encontró la observación de la señorita Benson poco pertinente al interrumpir su acalorado discurso, y simplemente le dedicó un «¡Por supuesto! Supongo que todos podemos decir lo mismo. Pero pagar a veinticuatro peniques la docena, me parece demasiado».

La señorita Benson continuó examinándose en el espejo y Sally con su disertación sobre economía.


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