Ruth
Ruth Así la señorita Benson, en silencio y con toda tranquilidad, recogió sus grises cabellos en una trenza; mientras lo hacía, Leonard le sujetaba un extremo, admirando su color y consistencia y expresando una tácita insatisfacción por el color castaño de su propio cabello; una insatisfacción que se vio atenuada cuando la señorita Benson le informó de que si lo hubiese tenido tan largo como ella, se hubieran vuelto de su mismo color.
El señor Benson que tenía un aspecto añoso y frágil ya desde su juventud, parecía no mudar su físico con el paso de los años. Pero ahora, había en su voz y en sus modos una especie de ansiosa inquietud que antes no sentía. Era éste el único cambio que los últimos seis años habían provocado en él. Sally, por el contrario, había tomado la firme decisión de olvidarse de su edad y del paso del tiempo y poseía la misma energía (usando una expresión habitual en ella), que cuando tenía dieciséis años. Por su aspecto no resultaba fácil adivinar su edad. Podría tener cincuenta, sesenta o setenta años —no más de setenta ni menos de cincuenta— aunque ahora (y desde hacía muchos años) cada vez que alguien le preguntaba por su edad, solía responder:
—Me temo que no volveré a ver los treinta.