Ruth

Ruth

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Los Bradshaw no podían estar más satisfechos con Ruth, como el señor Bradshaw acostumbraba a repetir, tanto a ella como a los Benson. A decir verdad, Ruth no se sentía cómoda con su pomposa aprobación. Pero ofrecer con suma condescendencia su protección era el pasatiempo favorito del señor Bradshaw y cuando Ruth vio con cuánta serenidad y docilidad el señor Benson aceptaba sus regalos y elogios —aunque una humilde palabra o un tácito reconocimiento de igualdad hubiera sido suficiente—, intentó ser más afable y admitir la bondad que indudablemente había en él. En aquel momento, el señor Bradshaw acumulaba su mayor fortuna; era un hombre de negocios ingenioso y con visión de futuro que sentía un manifiesto desprecio por las personas mediocres que no lograban el éxito que él había alcanzado. Pero no sólo se limitaba a juzgar severamente a quien no había tenido la ventura de amasar una riqueza. Cada error moral o cada delito era sometido a su implacable juicio. Al no tener mancha o vicio alguno —ni a sus ojos ni a los de aquellos que se apresuraban a juzgarlo— y al haber dosificado sabia y escrupulosamente sus recursos para adecuarlos a sus fines, podía permitirse el lujo de hablar y actuar con una acritud casi hipócrita, ostentoso constantemente de sus propios méritos. No existía crimen o pecado al que el señor Bradshaw no le siguiera la pista hasta averiguar la causa en algún precedente modo de actuar, y cuyos nefastos resultados ya había previsto mucho tiempo antes. Si el hijo de algún otro se desvelaba como un libertino o temerario, el señor Bradshaw no mostraba compasión alguna: «se hubiera podido evitar si en esa casa tuvieran normas más estrictas o una vida más devota». Richard Bradshaw era un joven tranquilo y constante; el resto de padres podrían haber tenido unos hijos como el suyo, si se hubieran empeñado como él en exigir una rigurosa obediencia. Richard era su único hijo varón y sin embargo, el señor Bradshaw se vanagloriaba del hecho de que siempre había dirigido su modo de actuar. Con las chicas, la señora Bradshaw era, lo decía el propio señor Bradshaw (que no tenía problema en reconocer los errores de su esposa), menos firme de cuanto él hubiera pretendido y creía que a menudo, al relacionarse con ciertas personas, Jemimah era bastante pertinaz, aunque siempre se había mostrado obediente y sumisa hacia los deseos paternos. Todos los niños serían obedientes si tuvieran progenitores resolutivos y autoritarios, todos crecerían de un modo apropiado si se les manejaba adecuadamente. En el caso de mostrar un comportamiento impropio, deberían asumir las consecuencias de sus propios errores.


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