Ruth
Ruth —SÃ, pero hay tantas cosas que no le gustan a papá que no puedo acordarme de todas. No te preocupes por eso. Escucha mejor lo que tengo que decirte, pero no debes contárselo a nadie, nunca jamás.
—Por supuesto que no lo haré, Mary. ¿De qué se trata?
—¿Ni siquiera a la señora Denbigh?
—Ni siquiera a ella.
—Está bien; entonces, el otro dÃa, el viernes pasado, Mimie…
—¡Jemimah! —la interrumpió la más meticulosa Elizabeth.
—Vale, Jemimah, si hay que llamarla asà —farfulló Mary—, me mandó recoger un sobre de su escritorio y adivina qué encontré.
—¿El qué? —preguntó Elizabeth que no se conformaba con algo menos que una ardiente postal de San ValentÃn, firmada por Walter Farquhar, en interés de los Bradshaw, Farquhar y socios, por extensión.
—¡Bah! Un trozo de papel, con algunas lÃneas escritas que parecÃa bastante aburrido, como si fuera una disertación cientÃfica; recuerdo todo lo relacionado con aquel papel. Una tarde el señor Farquhar estaba explicándonos que un proyectil no tiene una trayectoria rectilÃnea, sino que traza una órbita elÃptica, mientras dibujaba unas lÃneas en un trozo de papel y Mimie…
—¡Jemimah! —interrumpió Elizabeth.