Ruth
Ruth APRENDIZ DE COSTURERA
Existe una pequeña ciudad, en uno de los condados del este, a la cual los Tudor confirieron un gran prestigio, y gracias a cuyos favores y protección alcanzó un grado de importancia tal, que asombra al viajero moderno.
Cien años atrás su aspecto era de una majestuosidad pintoresca. Las antiguas mansiones, residencias temporales de aquellas familias del condado que disfrutaban de la animación de una ciudad de provincias, abarrotaban las calles otorgándole esa apariencia irregular pero ilustre que aún encontramos en las ciudades belgas.
Las fachadas de las viviendas conservaban una riqueza característica por efecto de los frontones y chimeneas que destacaban en el azul del cielo. Bajando la mirada la atención se centraba en toda clase de proyecciones en forma de balcones y miradores; y era gracioso observar la infinita variedad de ventanas apretujadas en las fachadas, construidas mucho tiempo antes de que los impuestos del señor Pitt entrasen en vigor[6].
