Ruth
Ruth No eran de ninguna utilidad, pensó, aquellas continuas atenciones que Jemimah encontraba tan repugnantes. Para ella —una joven muchacha apenas salida de la escuela—, él se presentaba probablemente como un hombre viejo que incluso podÃa perder la amistad que antaño les unÃa y que para él era —y siempre serÃa—, tan apreciada, si perseveraba en su idea de amarla. Siempre habÃa sentido un gran afecto por ella. Hasta sus culpas la volvÃan interesante a sus ojos, lo cual se reprochaba concienzudamente y sin resultado alguno cuando consideraba la idea de que fuera su futura mujer; pero con la misma conciencia aprenderÃa a aceptarla como una simple amiga —si ella asà lo decidÃa—, sobre la cual poder ejercer un interés positivo y saludable. La señora Denbigh, aunque no mucho mayor que ella, habÃa conocido el dolor y las preocupaciones a una edad tan temprana que irremediablemente era mucho más vieja que Jemimah. Además, su tÃmida discreción y su tranquilo proceder cotidiano en el cumplimiento de sus deberes, se amoldaban particularmente a la idea preconcebida de lo que el señor Farquhar consideraba como un modelo de esposa. Pero a pesar de ello, le suponÃa un gran sufrimiento distanciarse de Jemimah. Si ella no le hubiese ayudado a hacerlo con su displicente conducta, no lo hubiera logrado jamás.