Ruth
Ruth —¡Oh Jemimah, qué bien estás aquà al fresco, sentada en esta sombrÃa habitación! (ella la encontraba incluso gélida). Nosotras hemos dado un largo paseo. ¡Estamos tan cansadas! ¡Qué calor hace!
—¿Y por qué lo habéis hecho, entonces? —preguntó ella.
—¡Oh! TenÃamos ganas de caminar. No nos hubiéramos quedado en casa bajo ninguna circunstancia. ¡Nos hemos divertido tanto! —contestó Mary.
—Hemos estado en el bosque de Scaurside, recolectando fresas salvajes —dijo Elizabeth—. ¡Hemos cogido un montón! Hemos dejado una cesta llena en la despensa. El señor Farquhar ha dicho que nos enseñará a hablar como ha aprendido en Alemania, si le conseguimos vino blanco de Reno. ¿Crees que papá se enfadará si le damos un poco?
—¿El señor Farquhar ha ido con vosotras? —preguntó Jemimah mientras una pálida luz cubrÃa sus ojos.
—SÃ, esta mañana le dijimos que mamá querÃa que le lleváramos la vieja ropa de cama de lino al cojo que vive en la granja de Scaurside y que intentarÃamos convencer a la señora Denbigh de que nos acompañara al bosque para recoger fresas —dijo Elizabeth.