Ruth
Ruth El señor Bradshaw se sintió más bien descontento ante lo que él consideró una falta de respeto hacia su huésped, al no percatarse del repentino cambio de planes del señor Donne. Antes de darse cuenta de que, a pesar de la distancia que le separaba de la iglesia, el señor Donne se había puesto en marcha, ya lo había perdido de vista y le resultó imposible alcanzarlo. Como anfitrión había descuidado sus obligaciones hospitalarias, hasta el punto de permitir que su invitado se sentara en el banco de Eagle’s Crag, escoltado únicamente por las niñas y su institutriz, así que el señor Bradshaw decidió hacerse perdonar tributándole extraordinarias atenciones por el resto de la jornada. En consecuencia, no dejó solo ni por un instante al señor Donne. Cualquier nimio deseo que el caballero expresaba, su anfitrión trataba de satisfacerlo. Cuando hizo referencia al placer que le daría dar un largo paseo con un panorama tan hermoso, el señor Bradshaw se ofreció a acompañarlo, aunque para él, cuando se encontraba en Eccleston, era premisa irrebatible no pasear durante los domingos. Cuando el señor Donne cambió de idea, al recordar que debía escribir algunas cartas que le obligaban a permanecer en casa, el señor Bradshaw renunció inmediatamente a la caminata quedando a su entera disposición, raudo a procurarle el material necesario para escribir que no pudiera encontrar en aquella casa escasamente equipada. Nadie sabía dónde se encontraba el señor Hickson durante todo este tiempo. Había ido a pasear después de que el señor Donne salió para la iglesia, y no había regresado. El señor Donne continuaba preguntándose si podría encontrarse con Ruth, si ésta saldría a pasear al atardecer con sus alumnas, ahora que se había despejado el día. Esta inquieta duda, alguna que otra maldición contra la cortés y constante atención de su anfitrión, y el fingir que estaba escribiendo aquellas cartas, le mantuvieron ocupado toda la tarde, la tarde más larga de su vida, aunque su pasado no estuviera exento de aburrimiento. Aún no habían recogido la comida de la mesa del salón, esperando la llegada del señor Hickson, injustificadamente ausente, pero de las niñas y de Ruth, no había rastro alguno. Entonces, se aventuró a lanzar hipótesis para intentar adivinar dónde se encontraban: