Ruth
Ruth Se dio cuenta de que gradualmente se estaba acercando al lugar donde ella se encontraba. Estaba junto a la mesa, examinando los libros que había sobre ésta. Mary y Elizabeth se apartaron un poco, sintiéndose atemorizadas ante el Futuro representante de Eccleston al parlamento. Inclinando la cabeza sobre un libro, dijo:
—Te imploro cinco minutos a solas.
Las niñas no pudieron oírle pero Ruth, apoyada su espalda contra la pared, y sin vía de escape, le escuchó perfectamente.
De improviso y con gran valentía dijo con voz clara:
—¿Podría usted leer el pasaje entero? No lo recuerdo.
El señor Hickson que se encontraba a no mucha distancia escuchando estas palabras, se acercó para secundar la petición de la señora Denbigh. El señor Bradshaw, que estaba especialmente somnoliento después de aquella cena insólitamente tardía y deseoso de que llegase la hora de ir a dormir, se unió a la propuesta porque le ahorraba la necesidad de entablar una conversación, ofreciéndole la posibilidad de adormilarse un poco, sin que nadie lo advirtiera ni le molestara, antes de que la servidumbre apareciera para las plegarias.