Ruth
Ruth Ruth consiguió responder a esta carta sólo cinco minutos antes de que el correo partiese. No se decidió a hacerlo hasta que no tuvo más remedio. TenÃa dos posibilidades, pero tanto la una como la otra, la aterrorizaban. Estuvo a punto de no responder, pero finalmente decidió que preferÃa conocer toda la verdad, a cualquier precio. Ningún miedo cobarde de sà misma o de los demás, podÃa hacerle olvidar aquello que estaba sucediendo en nombre de su hijo. Tomó una plumilla y escribió:
La playa sobre la colina rocosa, donde nos encontramos la otra noche. Como horario, la misa vespertina.
Y el domingo llegó.
—Esta tarde no iré a la iglesia. Conocéis bien el camino, estoy segura de que podéis ir solas sin ningún problema.
Cuando avanzaron hacia ella antes de besarla, como afectuosamente acostumbraban, se sorprendieron de lo frÃos que encontraron tanto su rostro como sus labios.
—¿Se encuentra bien, señora Denbigh? ¡Está usted muy frÃa!
—¡SÃ, tesoro! Estoy bien —y las lágrimas asomaron a sus ojos al ver aquellas caritas preocupadas—. Marchaos ahora, queridas. Pronto serán las cinco y entonces tomaremos el té.
—¡Y el té la templará! —dijeron mientras abandonaban la habitación.