Ruth
Ruth Ni siquiera se le pasó por la mente observar cómo las niñas desaparecían por el sendero que las llevaría a la iglesia. Las conocía demasiado bien como para dudar de que no hicieran aquello que les había pedido. Permaneció sentada en silencio con la cabeza apoyada en los brazos durante algunos minutos, después se levantó para ponerse su vestido de paseo. A su cabeza afloró algún pensamiento que provocó repentinamente que tuviera prisa. Atravesó el camino que colindaba con la casa y corrió vereda abajo por el sendero escarpado y rocoso. El ímpetu del descenso la condujo más allá, sobre la playa, aunque no muy lejos de su destino. Sin mirar a su alrededor, lo que le impidió ver a las personas que se acercaban, avanzó hacia el poste negro que proyectándose sobre las aguas ondeantes, indicaba el lugar donde los pescadores echaban sus redes. Fue directamente hacia aquel punto sin casi ralentizar el paso ni siquiera donde la arena brillaba bañada por las olas. Una vez allí, se giró y de un vistazo observó que aún no había nadie por aquellos parajes. Se encontraba quizá a media milla o más de las grisáceas rocas plateadas que se atenuaban en el páramo rojizo, intercalado aquí y allá de cimbreantes y dorados campos de grano. Detrás de ellos se vislumbraban violáceas colinas con sus nítidos perfiles afilados que tocaban el cielo. Un poco distante del lugar donde se encontraba, vio un grupo de blancas cabañas rurales y las casonas que conformaban la aldea de Abermouth dispersarse por aquí y por allá, y en una colina expuesta al viento, a una milla de distancia hacia el interior, observó la pequeña iglesia gris, donde en aquellos mismos momentos muchos oraban en paz.