Ruth
Ruth En la arena dura y resonante, muy distinto del incesante murmullo de las olas marinas, se escuchaba un ruido de pasos, que se acercaba cada vez más. Estaban muy próximos cuando Ruth, sin querer evidenciar el miedo que le oprimía el corazón, se giró hacia el señor Donne.
Éste avanzaba con los brazos extendidos hacia ella.
—¡Qué alegría! Mi querida Ruth —exclamó. Los brazos de Ruth pendían inmóviles a lo largo de su cuerpo.
—¿Cómo, Ruth, no dices nada?
—No tengo nada que decir —respondió Ruth.
—Pero, ¡cómo, pequeña criatura vengativa! ¿Debo explicarme antes para que me trates con un poco de educación?
—No quiero explicaciones —replicó Ruth, con voz temblorosa—. No hay necesidad de remover el pasado. Me ha pedido que venga en nombre de Leonard… En nombre de mi hijo, para escuchar lo que tenga que decirme sobre él.
—Pero lo que tengo que decirte sobre él, te concierne aún más a ti. ¿Y cómo podemos hablar de él, sin hacer referencia al pasado? El pasado que tú intentas ignorar —aunque sé que no podrás hacerlo— está lleno de recuerdos felices para mí. ¿No fuiste feliz en Gales? —dijo con la voz más dulce que tenía.