Ruth
Ruth —Éramos felices entonces —continuó, tomando confianza al verla más vulnerable y haciendo alusión nuevamente a su aceptación que consideraba particularmente ventajosa para él—. ¿No podrÃa retornar aquella felicidad? —Continuó por ese camino, rápido y ansioso por desplegar ante ella todo aquello que podÃa ofrecerle, antes de que se percatara de sus verdaderas intenciones.
—Si tú lo consientes, Leonard permanecerá siempre junto a ti, educado dónde y cómo tú quieras. BastarÃa con que me dijeras la cantidad de dinero que consideres necesario, y será tuyo y suyo, si sólo Ruth…, si sólo aquellos dÃas felices regresaran.
Ruth habló:
—He admitido que he sido feliz porque le he pedido a Dios que me proteja y me ayude y no he osado contar una mentira. He sido feliz. ¡Oh! ¿Qué sentido tiene hablar de felicidad o de tristeza en este momento?
El señor Donne la observó mientras pronunciaba estas palabras para intentar averiguar si estaba delirando, pues le parecÃan extrañas e incoherentes.
—No tengo el coraje de pensar en la felicidad y no debo mirar al dolor que me espera. Dios no me ha conducido hasta aquà para considerar ninguna de estas dos cosas.