Ruth
Ruth En su impávido rostro, no apareció señal alguna de ambición materna, aunque su corazón se exaltó, latiendo rápido y fuerte, ante la propuesta que imaginaba estaba a punto de ofrecerle, aquella de tomar al niño bajo su protección para brindarle la educación que ella siempre había deseado proporcionarle. Ella debería decir que no, como lo hubiera hecho ante cualquier pretensión que implicara el reconocimiento de un derecho sobre Leonard, y sin embargo, en muchas ocasiones y por el bien de su hijo, había deseado aumentar sus perspectivas y ofrecerle un ambiente más abierto.
—Ruth, acabas de admitir que una vez fuimos felices. Sucedieron tantas cosas, que si tuviera oportunidad de relatarte con detalle, demostrarían que durante mi débil estado de convalecencia me convertí en una marioneta en manos ajenas. ¡Ah, Ruth! No he podido olvidar la tierna enfermera que aliviaba mi sufrimiento durante el delirio. Cuando me siento febril, sueño que me encuentro de nuevo en Llandhu, en aquella pequeña habitación, contigo, vestida de blanco —por aquel entonces vestías siempre de blanco—, revoloteando en torno a mí.
Las lágrimas resbalaron, grandes y redondeadas, por los ojos de Ruth. No pudo evitarlo… Y ¿Cómo habría podido?