Ruth
Ruth HabÃa sido más que tácitamente acusado de corrupción; ahora que la excitación habÃa pasado estaba apesadumbrado; no tanto por un motivo de conciencia —si bien se sentÃa turbado por una leve sensación de no haber actuado correctamente—; más bien, estaba mayormente disgustado, a fin de cuentas, por la idea de que a ojos de algunos de sus conciudadanos, su figura —hasta aquel momento inmaculada—, se habÃa visto salpicada por tal turbio asunto. Él, que habÃa sido un rÃgido y severo censor de la excesiva influencia del partido rival en todas y cada una de las elecciones precedentes, no podÃa esperar ser exonerado por sus partidarios cuando comenzaron a surgir voces que aseguraban que las manos del riguroso disidente no estaban limpias. En el pasado habÃa sido motivo de orgullo para él que tanto amigos como enemigos, no pudieran decir ni una sola palabra contra él; ahora, en cambio, sentÃa un terror constante de ser inculpado por corrupción y de verse obligado a presentarse ante una comisión y tener que jurar sobre su papel en aquella cuestión.