Ruth
Ruth Pero en secreto, estaba desilusionado del señor Donne. En general, aquel caballero se había mostrado más que dispuesto a seguir las indicaciones de cualquiera, sin importarle quién. Como si considerase demasiado laborioso calibrar la sabiduría de sus amigos, circunstancia en la que sin duda, el señor Bradshaw se habría revelado como aquel de mayor valor. Sin embargo, alguna que otra vez, inesperadamente y sin motivo alguno, tomaba las riendas del asunto. Como aquella ocasión en la que se había ausentado sin autorización justo el día antes de su candidatura. Nadie conocía su paradero; pero el hecho de que se hubiera marchado, era suficiente para inquietar al señor Bradshaw, que habría estado dispuesto a emprender un litigio si el resultado de las elecciones no hubiera sido favorable. En cualquier caso, tenía un marcado sentido de posesión respecto al señor Donne, que no le resultaba del todo desagradable. Había cedido su asiento al nuevo miembro del parlamento; su resolución, su prontitud y su energía, habían convertido al señor Donne en «nuestro miembro»; el señor Bradshaw empezaba entonces a sentirse orgulloso de él. Durante aquel periodo no había encontrado ocasión de reunir a Jemimah con el señor Farquhar. Continuaban aún con sus disputas, cuyo resultado tenía diferentes caras. Mientras Jemimah lo amaba cada vez más —a pesar de litigios y frialdades—, él estaba realmente hastiado de su amor irascible, el cual le confundía profundamente a causa de un comportamiento que cambiaba de día en día, según su estado de ánimo o de sus elucubraciones. Además, se quedó casi horrorizado al darse cuenta de que sentía una inmensa felicidad al saber que las niñas y la señora Denbigh estaban regresando a casa. El suyo era un carácter que gozaba de la paz; y su querida, dulce Ruth, con su suave voz y sus comedidas respuestas, con sus elegantes gestos, se le antojaba el modelo de mujer que todas deberían imitar: una criatura calma y serena, de cuerpo modelado con una gracia angelical.