Ruth
Ruth —No ha sido mi intención decir nada malo del señor y la señorita Benson y lo sabes perfectamente, Dick.
—¡No te preocupes! No te delataré. Son sólo un par de ridÃculos viejos decrépitos pero mejor que nada… especialmente porque aquella hermosa institutriz de las niñas viene siempre con ellos para hacerse mirar.
Se hizo una pequeña pausa; Richard la interrumpió diciendo:
—¿Sabes Mimi?, he pensado que si juega bien sus cartas puede embaucar al señor Farquhar.
—¿Quién? —preguntó Jemimah aceleradamente, aunque lo sabÃa muy bien.
—La señora Denbigh, claro. Es de ella de quien estamos hablando, ya lo sabes. Farquhar me ha pedido que cenara con él en su hotel cuando me acerqué a la ciudad, y —tenÃa mis razones para aceptar su invitación y darle coba— le pedà que me diera la propina que acostumbraba a darme.
—¡Por caridad, Dick! —le interrumpió Jemimah.
—¡Venga! ¡Venga! No le pedà exactamente una propina sino un préstamo. El jefe me tiene condenadamente seco.
—¡Cómo! Si todavÃa ayer, mientras papá estaba hablando de tus gastos y de tus pagas, te he escuchado decir que ganas más de cuanto puedes desembolsar.