Ruth
Ruth HacÃa un tiempo maravilloso para estar a finales de agosto. Las noches eran tan luminosas como los dÃas, excepto en las bajas y oscuras praderÃas que se extendÃan hasta el mar, donde la niebla se alzaba y fundÃa el pálido cielo con la tierra. Ignorantes de las preocupaciones y problemas en torno a ellas, Mary y Elizabeth gozaban del clima y veÃan un nuevo esplendor en cada paso hacia el declive del año. Insistieron en hacer una excursión por las colinas antes de que la quieta calma otoñal se viera turbada por los temporales. Obtuvieron permiso para ir el miércoles siguiente, el sucesivo dÃa semifestivo. HabÃan convencido a la madre de consentir unas vacaciones completas pero el padre no quiso oÃr hablar del tema. La señora Bradshaw habÃa propuesto que almorzaran pronto pero esta idea fue rechazada por las muchachas. ¿Qué clase de excursión serÃa si no llevaban la comida en una cesta? Sólo la cesta y comer al aire libre valÃa veinte veces más que el almuerzo más suntuoso que se pudiera hacer en casa. Y asÃ, fueron preparadas las cestas, mientras la señora Bradshaw se lamentaba del frÃo que probablemente cogerÃan al sentarse sobre la tierra húmeda. También irÃan Ruth y Leonard, además de ellos cuatro. Jemimah habÃa rechazado todas las invitaciones para participar de la fiesta; sin embargo, sentÃa una mediana simpatÃa por la alegrÃa de sus hermanas, una especie de ávida y persistente mirada al pasado, a los tiempos en que también ella habrÃa gozado de su misma perspectiva. También ellas crecerÃan y sufrirÃan; y sin embargo, ahora se divertÃan indiferentes a su trágico destino.