Ruth
Ruth La madre estaba impaciente porque el hijo desposara a la señorita Ducombe. A él le importaba poco o más bien nada: no se casaría antes de que pasaran diez años. Y así pasaba los meses revoloteando —a veces flirteando con la recatada señorita Ducombe, a veces atormentando o divirtiendo a su propia madre, pero procurando siempre complacerse a sí mismo—, cuando vio a Ruth por vez primera y un sentimiento nuevo, apasionado e intenso, le atrapó completamente. No sabía por qué motivo estaba tan fascinado por ella. Era muy bella, pero ya había conocido otras muchachas igual de hermosas y con modales más finos, estudiados para resaltar los efectos de su charme.
Quizá encontraba atrayente la combinación de su encanto y la gracia de su femineidad con la naïveté[11], la simplicidad y la inocencia de una jovencita inteligente. Había una especie de magia en su timidez que le permitía esquivar los intentos de acercamiento por parte de sus admiradores para conocerla. Para él sería un placer exquisito atraer y domar su púdica discreción, tal y como atraía y domaba a los tímidos cervatillos en la finca de su madre.
No la sorprendería con ningún comentario atrevido, imprudente o apasionado; y así, seguramente con el tiempo, podría llegar a considerarle no sólo como un amigo, sino como alguien más íntimo y querido.