Ruth
Ruth —¡Escúcheme señor! —extendiendo las manos como para evitar las palabras que estaban por venir—. Nada de lo que usted me diga podrÃa censurarme como lo hace mi propia conciencia; no me puede infligir humillación alguna con sus palabras o actos que iguale la humillación que he sufrido durante años, por formar parte de un engaño aunque cargado de buenas intenciones…
—¡Buenas intenciones! ¡Bueno! ¿Algo más?
El comportamiento provocativo con el que el señor Bradshaw pronunció estas palabras le sorprendió incluso a él mismo, imaginándose el éxito provocado por su poder fulminante; y sin embargo, el señor Benson alzó sus ojos austeros hacia el rostro del señor Bradshaw y repitió: