Ruth
Ruth —También participé yo, tanto o más que tú. Y no creo que haya sido un error. Estoy convencida de que fue absolutamente justo, y volverÃa a hacer lo mismo de nuevo.
—Quizá no te ha hecho tanto daño como me ha hecho a mÃ.
—¡Qué tonterÃa! Thurstan, no seas patético. Estoy segura de que eres una buena persona, ahora más que nunca.
—No, no, eso no es cierto. Me he convertido en lo que tú defines como patético, a consecuencia del sofisma con el que he llegado a convencerme a mà mismo de que lo incorrecto era justo. Vivo atormentado. He perdido mi claro instinto de conciencia. Antes, si creÃa que una u otra acción era acorde a la voluntad de Dios no dudaba en actuar, o al menos lo intentaba, sin pensar en las consecuencias. En cambio, ahora, considero y valoro las secuelas de mis actos, a tientas en la oscuridad donde antes habÃa luz. ¡Oh, Faith! Es tan grande el alivio que he sentido al saber que se ha descubierto la verdad que tengo miedo de no haber tenido compasión suficiente por Ruth.
—¡Pobre Ruth! —dijo la señorita Benson—. En cualquier caso, nuestra mentira ha sido su salvación. Ahora ya no hay temor a más errores.
—La omnipotencia de Dios no precisaba de nuestro pecado.