Ruth
Ruth Cada tarde, el señor y la señorita Benson pensaban que lo peor había pasado ya; y cada nuevo día traía un nuevo suceso que hurgaba en la herida. No estaban seguros de la reacción de sus amistades —y si habría diferencia en el modo cordial con el que hasta entonces habían sido acogidos—; en algunos casos fue despiadada y la señorita Benson se indignaba en la medida correspondiente. Ella advirtió más este cambio de comportamiento que su hermano. El inmenso dolor del señor Benson provenía de la frialdad de los Bradshaw. A pesar de todos los defectos que en su momento habían importunado tanto su sensible naturaleza —pero que había olvidado, recordando únicamente sus gentilezas—, eran viejos amigos de la familia sus modales, incluso arrogantes, su mayor interés personal más allá de su propia familia; y no podía evitar el sufrimiento que sentía los domingos al ver vacío el vasto espacio de sus bancos, viendo cómo el señor Bradshaw, aunque le saludaba fríamente cuando se encontraban frente a frente, le evitaba constantemente. Todo aquello que sucedía en su casa, que en otro tiempo conocía igual o mejor de lo que ocurría en la suya, era ahora un libro cerrado; y cuando se enteraba, lo hacía por casualidad. Justo en el momento en que se sentía más deprimido encontró a Jemimah en una curva repentina del camino. Vaciló durante unos instantes sobre el modo de proceder pero ella le ahorró estas dudas: rápidamente le tomó su mano entre las suyas, mientras su rostro se encendía de sincero placer.