Ruth
Ruth —¡Oh, señor Benson, me alegra tanto verle! ¡He deseado tanto tener alguna noticia suya! ¿Cómo se encuentra la pobre Ruth? ¡Mi querida Ruth! Me pregunto si habrá sido capaz de perdonar mi cruel comportamiento. ¡Y yo no puedo ir a visitarla, justo ahora que estarÃa feliz y aliviada de poder remediarlo!
—Nunca he pensado que fuera usted cruel con Ruth. Y estoy seguro de que ella tampoco.
—Pues deberÃa, debe. ¿A qué se dedica ahora? ¡Oh! TendrÃa tantas cosas que preguntar, no sabrÃa nunca lo suficiente; y papá dice… —dudó un momento por miedo a provocar dolor, luego, creyendo que diciéndole la verdad, el señor Benson entenderÃa mejor la situación y las razones de su comportamiento, prosiguió:
—Papá dice que no debo ir más a su casa: imagino que debo obedecerle, ¿no?
—Por supuesto, querida. Es claramente tu deber, hacerlo. Nosotros sabemos cuánto nos aprecia.