Ruth
Ruth Jemimah meneó tristemente la cabeza.
—Es duro para él —dijo.
—SÃ, lo es —afirmó el señor Benson.
Porque verdaderamente, Leonard era su más grande preocupación. Su salud parecÃa debilitarse; mientras dormÃa pronunciabas frases entrecortadas que mostraban cómo en sueños, combatÃa en nombre de su madre contra un mundo hostil y rabioso. Luego, gemÃa y balbuceaba palabras tristes y malsonantes que ellos pensaban, no deberÃan haber llegado jamás a sus oÃdos. Durante el dÃa, por lo general, parecÃa calmo y serio; pero su apetito habÃa cambiado y evidentemente tenÃa miedo a salir de casa temiendo que le insultaran o ser objeto de burlas. Cada uno de ellos, en su interior, ansiaba hacerle cambiar de aires pero todos callaban porque ¿de dónde sacarÃan el dinero necesario?
Se convirtió en un muchacho caprichoso y voluble. En ocasiones era demasiado arisco con su madre para luego dar rienda suelta a un ferviente remordimiento. Cuando el señor Benson se percató de la angustiada mirada de Ruth frente al rechazo de su hijo se mermó su paciencia, o más bien, decidió que era necesario emplear con Leonard una autoridad más firme y severa que la de ella. Pero cuando Ruth escuchó al señor Benson hablar en esos términos, le suplicó: