Ruth
Ruth Sus labios temblaban incluso mientras hablaba y su corazón latía con ansia impaciente. Por tanto, el señor Benson terminó la conversación y dejó que eligiera su camino. Era hermoso ver con qué intuición, Ruth adivinaba la más insignificante emoción alojada en cada rincón del corazón de su hijo, que la preparaba para consolarlo y darle la fuerza necesaria con las palabras adecuadas. Su control era incansable, privado de cualquier zozobra ante la humillación, pues de lo contrario, a menudo habría tenido que esconderse para llorar por aquellas nubes de vergüenza que se condensaban en el amor de Leonard por ella, ocultándose de todos excepto de su fiel corazón. Creía y sabía que aún era su niño afectuoso, aunque fuera melancólicamente silencioso o aparentemente frío y duro. Ante esto, el señor Benson no podía más que admirar el modo en que Ruth enseñaba a Leonard inconscientemente a respetar las leyes de la justicia y a reconocer el Deber que conlleva cada actuación. Cuando el señor Benson vio todo esto supo que conseguiría sólo bondad, y que la petición que el amor infinito de la madre dirigía al corazón del muchacho, finalmente sería concedida incluso de un modo más completo, justamente porque ella no le había jamás suplicado, sino que se había resignado en silencio a la fuerza de la razón de que la podía olvidar temporalmente. Poco a poco, los remordimientos de Leonard por sus adustos y huraños modales hacia su madre —que alternaba con apasionadas e intermitentes explosiones de amor insistente—, asumieron un carácter de arrepentimiento; entonces intentó cambiar su actitud. Su salud continuaba siendo delicada; se negaba a salir; se mostraba más retraído y triste de lo que debería para su edad. Pero no tenía más remedio que ser así, consecuencia inevitable de las circunstancias de su joven vida; Ruth debía sólo ser paciente y rezar en secreto vertiendo infinidad de lágrimas para obtener la fuerza necesaria.