Ruth
Ruth Ruth sabía perfectamente lo que era salir a la calle atemorizada desde que su historia había salido a la luz. Durante días y días, se había negado en silencio a realizar tal esfuerzo. Pero una tarde, al anochecer, la señorita Benson estaba ocupada y le pidió que fuera a hacer unos recados para ella; Ruth se levantó en silencio y obedeció. Aquel silencio en relación a un sufrimiento interior era sólo una parte de su peculiar, exquisita e innata gentileza; una muestra de la paciencia con la que «aceptaba el castigo de su culpa»[102]. Su instinto más profundo le decía que no era justo molestar a los demás con las innumerables manifestaciones de su remordimiento; que el arrepentimiento más sagrado consistía en el quieto sacrificio diario. Y sin embargo, había momentos en que se sentía infelizmente cansada de su inactividad. Deseaba tanto ser útil y trabajar, pero todos despreciaban sus servicios. Como he dicho antes, en el curso de los últimos años había ejercitado mucho su mente, así que ahora empleaba todos sus conocimientos para instruir a Leonard; era éste un deber que el señor Benson delegaba en ella porque sabía que Ruth lo necesitaba.